Esta es la petición que Santa María de Guadalupe dirigió a san Juan Diego y que, a lo largo de casi cinco siglos, ha inspirado la construcción de distintos recintos para acoger y venerar su sagrada imagen.
Hace cincuenta años, la Antigua Basílica o Colegiata de Guadalupe resultaba insuficiente ante la multitud de fieles que acudían al Tepeyac para encontrarse con la Madre del verdadero Dios por quien se vive. Esta expresión de fe impulsó la construcción de un nuevo recinto, capaz de recibir a millones de peregrinos.
El 12 de octubre de 2026 se cumplen 50 años del traslado de la sagrada imagen de la Antigua a la Nueva Basílica de Guadalupe. Este aniversario se celebra con un Año Jubilar de gracia y misericordia, durante el cual los fieles pueden cruzar la Puerta Santa y obtener la indulgencia plenaria, cumpliendo las condiciones establecidas por la Iglesia.
Esta celebración adquiere un significado especial porque coincide con los preparativos de la Novena Intercontinental Guadalupana, un camino de preparación espiritual que invita a la Iglesia a disponerse para conmemorar, en 2031, los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.





Signos que hablan del amor a ua Madre
El inicio de este año de gracia estuvo marcado por una Eucaristía y la apertura de la Puerta Santa, precedidas por una procesión con objetos que evocaban momentos significativos de la historia guadalupana y la veneración a Santa María de Guadalupe.
Entre ellos destacó la corona original de la coronación pontificia, celebrada el 12 de octubre de 1895, acontecimiento, que marcó una de las principales obras del Venerable José Antonio Plancarte y Labastida, entonces XVI abad de la Colegiata de Guadalupe, donde desempeñó un papel fundamental al impulsar, organizar y promover este hecho de profunda veneración, autorizado por el papa León XIII, donde se declaró a Santa María de Guadalupe Reina de México.
La procesión también incluyó la diadema regalada por el papa Francisco en 2016, una rosa dorada y la llave de la Nueva Basílica con la que se abrió el nuevo recito en 1976, después de permanecer 267 años en la antigua basílica
La nueva "casita sagrada"
La construcción de un nuevo recinto respondió a las necesidades de un santuario que recibía cada vez a más peregrinos. El antiguo edificio presentaba problemas de hundimiento y deterioro, por lo que fue necesario proyectar un nuevo espacio capaz de acoger a las multitudes que llegan al Tepeyac.
El proyecto arquitectónico, encabezado por Pedro Ramírez Vázquez junto con un equipo de colaboradores, dio origen al templo que hoy contemplamos. Su diseño circular permite ver a la imagen desde distintos puntos del interior, mientras que su amplia cubierta verde evoca una tienda que protege y acompaña al pueblo durante el camino, así como el manto maternal de María.
Su capacidad es para alrededor de diez mil personas, la estructura combina soluciones arquitectónicas adaptadas a las condiciones del terreno con una finalidad pastoral: facilitar la reunión de los fieles y la celebración de la fe.
Año jubilar de gracia y misericordia
En este contexto festivo e histórico el papa León XIV envió un mensaje al pueblo mexicano en el que invitó a renovar la misión evangelizadora de la Iglesia, llevando la Palabra de Dios, el consuelo de los sacramentos y la caridad fraterna a quienes más lo necesitan. Por su parte, el cardenal Carlos Aguiar Retes animó a vivir este tiempo como una oportunidad para acercarse a Dios y caminar hacia la paz.
Así con la apertura del Año Jubilar comienza un tiempo de reconciliación y esperanza que se extenderá hasta el 12 de octubre de 2027. Durante este periodo los fieles podrán obtener la indulgencia plenaria al cumplir las condiciones establecidas por la Iglesia: confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y el rechazo de todo afecto al pecado.
Celebrar los 50 años de la Nueva “Casita Sagrada” invita a renovar la fe, volver a la misericordia de Dios y responder al deseo de Santa María de Guadalupe de “mostrar en él todo mi amor, mi compasión, mi auxilio y mi defensa”, haciendo de este lugar un hogar donde cada peregrino encuentre consuelo, esperanza y la certeza de que no está solo.
