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EL DESAFÍO DE DIRIGIR LA INNSIGNE Y NACIONAL BASILICA DE GUADALUPE

¿Qué significa estar al frente de la Casita Sagrada de la Virgen de Guadalupe? La pregunta cobra especial fuerza ante el cambio de rector de la Basílica de Guadalupe, donde el pasado 12 de julio de 2026, fue anunciado el nombramiento del Canónigo Daniel Víctor Villalobos Ortiz como nuevo rector, en sustitución de Mons. Efraín Hernández Díaz.

Estar al frente la Basílica nunca ha significado solamente dirigir un recinto al que llegan millones de peregrinos. A lo largo de su historia, esta misión ha encontrado sus grandes retos, desde debates en torno a la historicidad del Acontecimiento Guadalupano hasta las tensiones relacionadas con la conducción y organización del santuario, lo que significa que cada época ha planteado sus propios desafíos.

Mencionar estos acontecimientos no pretende juzgar a quienes han estado al frente de la Basílica, sino comprender la complejidad de un servicio que, por su importancia espiritual, cultural y social para México, ha estado siempre bajo la mirada de la Iglesia y de la sociedad.

Desde esta perspectiva surge otra pregunta: ¿Qué virtudes deberían distinguir a quien está al frente de la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe? Una posible respuesta puede ser encontrada en la propia historia del santuario. Entre quienes han asumido esta misión.

José Antonio Plancarte y Labastida, XVI Abad de la Colegiata de Guadalupe, recibió este encargo en uno de los momentos de mayor transformación del recinto. En su historia podemos analizar de una manera concreta las cualidades que el servicio exige

JOSÉ ANTONIO PLANCARTE UN HOMBRE CON EXPEREIENCIA

Cuando el 27 de junio de 1895 fue nombrado XVI Abad de Guadalupe, Plancarte no llegaba a una responsabilidad desconocida. Desde 1887 había participado en la renovación de la Colegiata y, desde 1889, había recorrido distintas diócesis del país promoviendo el proyecto de la Coronación Pontificia de la Virgen de Guadalupe.

Bajo estas experiencias el 8 de septiembre de 1895 tomó posesión como Abad, y a tan solo  un mes después, el 12 de octubre, se llevó a  cabo bajo s}u dirección la solemne coronación de nuestra Señora. 

LA AUTORIDAD VIVIDA COMO SERVICIO

Al asumir la dirección de la Colegiata, Plancarte se
presentó ante el Cabildo con sencillez y autenticidad. Sus primeras palabras
revelaron la manera en que entendía la responsabilidad que acababa de recibir: “Vengo
no como vuestro superior, sino como el último de vuestros compañeros”, afirmó.

Esta actitud resume profundamente su manera de
comprender el gobierno: entendía su misión como un servicio, pues no llegaba
únicamente a dirigir una institución ni a ocupar un cargo de 
autoridad. Para él, estar al frente de la Colegiata significaba ponerse al servicio de la Iglesia, de sus hermanos y de la Virgen de Guadalupe.

UN LIDERAZGO SINODAL

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