Sesenta años después de la publicación, la encíclica de Juan XXIII conserva una fuerte carga de actualidad en este mundo de la guerra a pedazos que no logra “desarmar el corazón”.
La celebración mariana, que tradicionalmente tiene lugar la mañana del Sábado Santo -en Roma sobre todo en la Basílica de Santa María La Mayor- se inspira en el rito bizantino y pretende revivir, con salmos, lecturas e himnos, el dolor y la gran fe de la Virgen María mientras espera la Resurrección de Jesús.
Más de veinte mil personas rezan en la evocadora celebración del Viernes Santo a lo largo de los Foros Imperiales. En las catorce estaciones, el dolor de las víctimas de la guerra, la injusticia y la pobreza que invocan de Dios los dones de la esperanza, la conversión, el diálogo y, sobre todo, el perdón. Francisco, a causa del frío, y para cuidar su salud siguió desde su residencia, el Via Crucis. El cardenal vicario De Donatis dirigió la celebración.
La tarde de este 7 de abril, Viernes Santo, el cardenal Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, advirtió en la celebración de la Pasión del Señor que, hay que evitar que los creyentes, sean arrastrados a este vórtice del nihilismo que es el verdadero «agujero negro» del universo espiritual.
Con la Coena Domini comienza el Triduo Pascual, que concluirá con las Vísperas de Pascua. Son días densos y centrales del año litúrgico que el arte ha narrado con precisión, para inducir a los creyentes a una participación más intensa y a seguir, momento a momento, las etapas que conducen del dolor y de la muerte al triunfo de la Resurrección
El Papa reflexiona sobre el significado de la Pascua de Resurrección en un mensaje publicado por el semanario italiano l’Espresso, mirando a la guerra de Ucrania y a las de otros lugares del mundo y citando la Pacem in Terris, de la que tomar el coraje para decir no al rearme y a la violencia «porque la verdadera paz no puede nacer del miedo».