El observador permanente emérito de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra reflexiona sobre el clima global que afecta al planeta, en particular los conflictos de Ucrania y Tierra Santa: las armas destruyen peor de lo que se piensa, las atómicas convertirían la tierra en un desierto. Como dijo el Papa, la opción más razonable sería «pasar de una mentalidad de terror a una mentalidad de confianza».