En una carta dirigida al cardenal Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el superior general Pagliarani afirma que no ve posible iniciar un diálogo «teológico» tal y como propone la Santa Sede, ya que «los textos del Concilio no pueden ser corregidos, ni puede ponerse en duda la legitimidad de la reforma litúrgica». Al no poder llegar a un acuerdo sobre la doctrina, se confirma la decisión de consagrar nuevos obispos el 1 de julio.