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Reflexión del Segundo Domingo de Adviento

Este Adviento abre los ojos y reconoce a Dios en lo cotidiano. Está en los gestos simples, en quienes te quieren y en la luz que aparece en medio de tus dificultades. No estás solo. Dios se manifiesta en lo pequeño y te sostiene. Solo necesitas mirar con más atención su presencia diaria.