La alegría del Espíritu no es un estado ocasional o una emoción del momento; ni una especie de “alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy”. Antes de rezar el Ángelus el Papa dijo que “el agua dulce que el Señor quiere hacer correr en los desiertos de nuestra humanidad, amasada de tierra y de fragilidad, es la certeza de no estar nunca solos en el camino de la vida”. Francisco hizo también un llamamiento por la paz en Etiopía y Ucrania