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   El pasado 5 de julio celebramos con profunda gratitud a Dios, el 125 Aniversario de fundación del Instituto Esperanza, colegio Guadalupano Plancartino fundado en 1889 por el Siervo de Dios José Antonio Plancarte y Labastida.

  El Padre Plancarte, con ese celo apostólico que siempre lo caracterizó y puesta toda su confianza en Dios, escribía a la Superiora General el 4 de septiembre de 1886: “Ya pronto empezaremos lo que se va a hacer para el Asilo de Ntra. Sra. de la Soledad. Vaya usted pensando cómo hemos de dejar aquello de Jacona y dígame cuanto le ocurra sobre el particular”; y en su carta del 2 de noviembre de 1887: “El día 24 abrimos los cimientos del ensanche del Asilo de Ntra. Sra. de la Soledad y espero verlo concluido antes de seis meses”.  En medio de sus ocupaciones se resolvió a empezar la obra, y así lo hizo, ampliando su actividad para atender personalmente a los trabajos.   


  En abril de 1889 tuvo que salir para misionar por los Estados del Norte, sin que hubiera tenido el placer de ver terminada la capilla, que todavía tardó no poco tiempo en estar enteramente concluida. Le urgía, sin embargo, la apertura del Asilo, y dejó sus órdenes para que, sin esperársele, se inaugurara el 13 de junio si posible fuera, pero por causas de fuerza mayor se pospuso hasta el 4 de julio, en una advocación de la Sma. Virgen, verdaderamente muy adecuada, pues en este establecimiento se atenderían a niñas huérfanas, en total comenzó con 100 niñas huérfanas. Desde entonces se comenzó a considerar el Asilo de la Soledad, hoy Instituto Esperanza, como el principal establecimiento, y la casa madre de la Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.

Viernes, 11 Julio 2014 09:49

11 de Julio de 2014

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  Hoy 11 de julio de 2014, primer mes del Año Jubilar por los 150 años de la Ordenación Sacerdotal del Siervo de Dios José Antonio Plancarte y Labastida, conozcamos los sentimientos que le embargaron el día de su primera Misa:

  “Llegó por fin el tan deseado día en que había de ver colmados mis deseos, satisfecha la ambición, recompensados mis sacrificios, coronada la obra que a tanto coste he fabricado. ¡Soy feliz! ¡Muy feliz! Y tal es mi felicidad que considero pródigamente recompensados los trabajos y privaciones pasadas y las que Dios se digne mandarme. ¡Soy Sacerdote! he aquí el secreto de mi felicidad; en él se encierra mi ambición, el bálsamo que me dio fuerza y constancia, el prodigioso ungüento que debía sanar la herida más profunda de mi corazón… Teniendo ya a Jesucristo en las manos, renové mis votos y súplicas, y sentí que habían sido aceptados, y que nuestros padres me miraban desde el cielo y conmigo pedían a Dios por sus amados hijos. En esos santos momentos me sentí con fuerza para todo: el martirio, las persecuciones, las privaciones y los desprecios me parecieron muy mezquino precio para comprar tanta felicidad.” (Correspondencia emitida, vol.2, VI a su familia, pág. 158-159). 

   

   Demos gracias a Dios por el don de la vida y del sacerdocio que le concedió a nuestro querido Padre José Antonio, demos gracias y celebremos el testimonio de alegría de una vida consagrada a Dios y al servicio de los demás, que con todo el corazón, dio nuestro Padre Fundador, un hombre apasionado, valiente, generoso, decidido, centrado en Dios, en quien encuentra su razón de ser, su plenitud y profunda felicidad.

  Pidamos su intercesión para que cada uno de nosotros, en el estado de vida al que el Señor nos haya llamado, seamos capaces de dar la vida con gran alegría y lleguemos a ser testigos de la infinita misericordia de Dios y de la gracia que brota del Evangelio y de la Eucaristía.

 

Sábado, 26 Abril 2014 08:00

116 aniversario

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Sábado, 22 Febrero 2014 18:01

Su Ser de Fundador

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La Congregación, un don perenne para la Iglesia.


   No fue otro el propósito del Padre José Antonio Plancarte al fundar la Congregación que dar a la Iglesia y a la Patria por medio de las religiosas Hijas de María Inmaculada de Guadalupe un testimonio ininterrumpido de Jesucristo a través de los siglos y los milenios. Así lo vemos reflejado en las siguientes palabras que dirige en una carta:
“la esperanza ha vuelto a mi alma, el valor y la confianza circulan ya en mis venas… ¡mil años de vida no me bastarían para cuanto deseo! Pero ustedes (hijas) si bastarán, pues no morirán, sino que vivirán en sus sucesoras” (Cartas, 9 de agosto de 1883).

   Para cumplir este deseo tan profundo del Padre Fundador, es necesario renovarse hoy en la generosidad e ilusión con que nació esta obra, sin permitir que el paso de las generaciones disminuya o apague el primer fervor.

   Hoy es oportuno vivir y difundir el lema “Valor y confianza”, que fue el que inspiró al Padre José Antonio toda su vida. Cuando hay corrientes de pesimismo y confusión, cuando en nuestra Patria sigue habiendo injusticias y tanta violencia, vale la pena releer el testimonio elocuente de un hombre que espero contra toda esperanza: ”Valor y confianza” Sólo Dios es eterno e inmutable. Hoy las flores me las tornó espinas, el dulzor en amargura y la alegría en tristeza”. “Ni las tempestades, ni las cataratas, ni los abismos, ni las fieras, ni los hombres pueden destruir las obras de Dios, porque Él las sostiene”. (Cartas, 25 de mayo 1883)

 


 

Martes, 18 Febrero 2014 20:03

Su Ser de Fundador

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   Tomemos el día de hoy un texto del Tomo I de las Crónicas de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, y de esta manera adentrémonos un poco en el corazón del Padre Antonio Plancarte como fundador de esta Congregación.

   “El domingo 27 de enero comenzaron los ejercicios espirituales para las postulantes y alumnas. Las fundadoras de la Congregación los hicieron con gran fervor, pues habían sido preparadas por el P. durante un año, con instrucciones frecuentes y continuos actos de vencimiento, de humildad, obediencia y demás virtudes religiosas.”

 

   Si nos detenemos aquí un momento, podemos ver el cuidado que puso en esta fundación, pues como aquí se nos indica: con anticipación fue preparando a las jóvenes que serían las primeras Religiosas de su naciente Congregación.

   Más adelante leemos: “Llegó al fin el tan deseado 2 de febrero en que se fundaría la primera Congregación religiosa mejicana. … A las cuatro y media de la tarde el Sr. Cura expuso al Smo., y rezado el rosario, en hermosa plática pondérales la excelencia de la santificación propia y de las almas, educando las niñas”.

   Desde el inicio de la Congregación, podemos ver claramente el cuidado que el padre Plancarte puso en la formación de sus Religiosas, sobre todo en el encuentro con Dios en la Eucaristía, el amor a la Santísima Virgen, en cuanto al fin principal de la Congregación que es “La gloria de Dios por la Santificación de sus miembros” y el gran celo por las salvación de las almas poniendo mucho cuidado en la educación de las niñas.

 

CXXVIII ANIVERSARIO DE LA CORONACIÓN PONTIFICIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA. (II)

   En 1877 el Padre Antonio Plancarte y Labastida fue a Roma y en audiencia con el Papa Pío IX le habló y le mostró la imagen de Nuestra Señora de la Raíz y le contó la historia y tradición de su hallazgo en el lago. El Papa determinó cambiarle el nombre por el de Nuestra Señora de la Esperanza. Desde Entonces la Virgen de Jacona es invocada con el nombre de Nuestra Señora de la Esperanza.

   En 1885 Miguel Plancarte Garibay alumno del Colegio Pío Latinoamericano enviado por el Padre Plancarte para que terminara sus estudios en la Universidad Pontificia, asistió a la coronación de la imagen de Nuestra Señora della Strada y aquella solemnidad hizo nacer en él la idea de la Coronación Pontificia de Nuestra Señora de la Esperanza.

 

   El domingo 14 de febrero de 1886, el Ilmo. Sr. Arzobispo de México pronunció sobre la corona, ya bendita por el Sumo Pontífice, las oraciones ordenadas por el Ritual. La imagen y la corona fueron conducidas en solemne procesión a un tablado erigido en el atrio del Santuario. Allí el Ilmo. Sr. Arzobispo de México Dr. Don Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, coronó a la Virgen de la Esperanza con las preces y ceremonias mandadas.

   Nuestro Padre Fundador el Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida profesó una gran devoción a la Santísima Virgen de la Esperanza: “Allí encontrarán a la Madre de la Esperanza rodeada de sus hijas files…. siempre bella… siempre amorosa… siempre tierna…siempre Madre”. Para las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe es nuestra Madre porque bajo su manto nació la Congregación, a su sombra creció y ante su mirada sufrió persecución y continúa intercediendo por nosotras.

Bibliografía: Aureliano Tapia Méndez.  Nuestra Señora de la Esperanza. Crónica de la –Congregación de las Hijas de María Inmaculada de Guadalupe. Tomo I.

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