En su mensaje previo a la fiesta de mañana, los obispos italianos recuerdan que ante la Resurrección somos actores llamados «a reconstruir y transformar nuestro mundo» desfigurado por las guerras y la violencia
Desde hace meses, los violentos combates entre las milicias del M23 y el ejército congoleño han provocado un éxodo masivo ignorado por la comunidad internacional. La preparación a la Pascua adquiere un significado particular en este contexto de gran pobreza. Desde el campo de refugiados donde se encuentra el padre Mbara, párroco de Saké, habla de una situación «terrible» y de una crisis «que debe resolverse de raíz».
En la homilía de la Pasión del Señor celebrado en la Basílica de San Pedro, el cardenal Raniero Cantalamessa recuerda: en la cruz, Jesús respeta la libre elección de los hombres y elige anularse a sí mismo, lección para los poderosos de la tierra. Del triunfo de la resurrección una invitación a toda la humanidad a encomendarse a él: los ancianos, los encarcelados por su fe, las mujeres víctimas de la violencia.
Desde la cárcel de mujeres de Rebibbia, donde el Papa celebró la Misa in Coena Domini, pronunció un mensaje de esperanza para todos nosotros. Las lágrimas conmovidas de las reclusas y la sonrisa llena de ternura de Francisco son signos que testimonian el amor misericordioso de un Padre que no se cansa de perdonar.
Ante una asamblea formada por reclusas y personal penitenciario, el Santo Padre, en su homilía en la Misa de Cena del Señor en la cárcel femenina de Rebibbia, en Roma, recordó que con el gesto del lavatorio de los pies, Jesús nos hace comprender la vocación de servicio y ante la traición de Judas nos recuerda que Dios perdona todo, siempre.