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“SU AMOR A LOS ENFERMOS”

  El Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida vivió las características del “Buen Samaritano” con las virtudes evangélicas que Jesús pide a sus seguidores.

  Imitador de Jesucristo, instrumento de su gracia con las personas que sufren, en especial con los enfermos, ancianos y personas con habilidades diferentes.

   

  Vivió en su Sacerdocio, la ternura, el amor y el impulso de darse a los demás; acompañó en el dolor y en el sufrimiento a las personas que lo necesitaron, y les proporcionó la ayuda espiritual que manaba de su vida interior.

“Fui a cuidar al enfermo. Yo a su cabecera, le asistía de todo a todo, le cambiaba sábanas, ropa, etc. Y eso cada rato, porque la enfermedad así lo pedía; hasta lo pelé, recostándolo para eso en mi pecho; me pasaba las noches yo solo con el pobre moribundo… por fin murió, y yo, lo lavé, lo vestí, lo puse en la caja y después fui a consolar a la viuda … y desde entonces me decidí a ordenarme, pensando o creyendo que Dios, que había hecho brillar allí su poder de un modo palpable, ayudándome a vencer aquella dificultad, del mismo modo me ayudaría en otra y mil más, si se presentaban”
Voz del Padre p. 45.

  En su Ministerio Sacerdotal, cuidó mucho que los enfermos, tuvieran la oportunidad de recibir el Sacramento de la Confesión:

“Me consuelan tus noticias de que ya a la mayor parte de los que mueren en ese hospital reciben los auxilios sacramentales, lo cual indudablemente es debido a la presencia de ustedes” (*).

  El Padre Plancarte enseñó a los enfermos a unir sus dolores al sacrificio redentor de Cristo, invitándolos así, a ser colaboradores en la salvación de las almas, nota que caracterizó al Siervo de Dios durante su vida. De esta manera, fomentó en sus feligreses y demás personas, el sentido redentor del sufrimiento.

“Las enfermedades son muy buena escuela para aprender y practicar la humildad, la paciencia, la obediencia y el desprendimiento de lo terreno” (*).

   

  Su amor por el enfermo, por el que sufre y por el más necesitado, lo lanza a fundar su Congregación.

“A la niñez y a los enfermos les he mandado madres,… a ello me ha obligado el deber, pues la formación de esas madres ha sido para beneficiar a los menesterosos…” Escritos 1897.

  Entre los más vulnerables están los adultos mayores, debido a la disminución de sus capacidades físicas y de sus facultades intelectuales. Ante ellos, no faltó la mirada atenta de José Antonio, su gesto amable y  atención caritativa. Y recomienda a sus hijas:

“Cuídenme mucho a mi par de ancianitas, y alégrenmelas cuanto sea posible” Cartas p.80.

   

  Y reconoce que cualquier servicio proporcionado al adulto mayor, con el fin de ayudarlo en esta etapa de su vida, es una verdadera obra de caridad.

“Darle paz y quietud a un dignísimo anciano, es mayor obra de caridad”. Correspondencia emitida, vol. 3, tomo II a sus amigos. 1893.

  El Siervo de Dios Antonio Plancarte vivió el mandato evangélico de Jesús en la parábola del Buen Samaritano: “Vete y haz tú lo mismo” (Lc. 10, 37).

 

(*) Textos de los Escritos Espirituales, Cartas y Discursos del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida.

 

 

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