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“MARIA ES MI MADRE”

La vida del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida siempre estuvo marcada por signos sencillos pero muy intensos de la presencia de María.

Desde la niñez recibió de su madre el ejemplo de rezar el Rosario en familia y cuando a los 16 años emprendió el viaje a Inglaterra para estudiar en Santa María de Oscott su madre le puso un rosario al cuello, gesto que nunca pudo olvidar e incluso durante su estancia en el extranjero arregló bellísimos altares en honor de la Santísima Virgen. 

Como ejemplo algunas de las anotaciones que hizo en su diario donde destacó la trascendencia que los meses de mayo tendrían en su vida posterior:

"¡Llegó el mes de mayo, el mes de María, el mes de mi vocación al sacerdocio, el mes más lleno de recuerdos para mí! ¡Bendita sea María, a cuya devoción debo la sin igual dicha de haber ingresado al sacerdocio!".

    Después de su ordenación en la Catedral de Tívoli fue a visitar la prodigiosa imagen de María Santísima en Guadagnolo a partir de lo cual escribió una oración en la que resumió sus deseos de ser buen sacerdote y ser fiel al voto de castidad, custodiándolo en la llaga del costado de Nuestro Señor Jesucristo y en las purísimas manos de María Santísima.

Durante los 15 años de párroco en Jacona reconstruyuó el Santuario de Nuestra Señora de la Raíz al que posteriormente nombró como Santuario de Nuestra Señora de La Esperanza. En 1886 se llevó a cabo la coronación pontificia de la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, de Jacona.

Otra gran muestra de su devoción mariana fue la inspiración para fundar la congregación religiosa Hijas de María cuyas primeras ocho hermanas emitieron sus votos en 1878 y posteriormente la congregación quedó erigida canónicamente en México con el nombre de Hijas de María Inmaculada de Guadalupe.



    En los últimos años de su vida, ya radicado en la Ciudad de México, fue Abad de la Colegiata de Nuestra Señora de Guadalupe y recibió la encomienda de restaurarla para la ceremonia de coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe que finalmente se llevó a cabo del 12 de octubre de 1895. Aquí un pequeño fragmento de la parte final del juramento:

"Que en adelante nada atentaremos de palabra ni por escrito ni de hecho en contra de la aparición de la Bienaventurada Virgen en la Colina del Tepeyac. Y con todas nuestras fuerzas procuraremos conservar esta corona sobre las sienes de la venerable imagen".

Cuando en abril de 1898 la enfermedad que aquejaba su cuerpo se intensificó, rodeado de sus Hijas y de algunos sacerdotes dijo:

"Me encomiendo mucho a la Santísima Virgen de Guadalupe... Si a alguno ofendí, le pido perdón... Y si alguno me ofendió, no tengo en mi corazón ningún resentimiento... Pues nada... lo que Dios quiera".

Y como el mejor de los corolarios que reflejan desde lo más profundo de su corazón el fervor por la Santísima Virgen queda como legado esta oración:

“María es mi madre y me ayudará a salvarme. Me entrego a tus brazos, Madre mía, sálvame. En ti espero guardar bien mis propósitos. En tus manos, Señor, entrego mi alma y cuerpo. Sálvame, Señor, Sálvame”.

  María es mi Madre

 

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Congregación Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, AR. Privada de San Sebastián 80. Col. San Sebastián. Delegación Azcapotzalco. 02040, México, DF.
Tel. / Fax. (55) 55-61-48-40 Lada sin costo: 01-800-821-8812 Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. / Aviso de Privacidad