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 “SU AMOR A LA EUCARISTÍA”

 

   Otro rasgo de la vida de santidad del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida es su extraordinario amor a la Eucaristía. Su vida se asemejó a la de Jesús, que dio su vida para dar vida a otros. En su primera misa se ofreció a Dios con el propósito de imitar mejor a Jesucristo:

“Esta mañana he ofrecido el Santo Sacrificio
(la Santa Misa) por la primera vez y,
juntamente con la Hostia Inmaculada,
me ofrecí al eterno Padre por toda la vida”. (*)

 

   Una de sus grandes obras fue la construcción del Templo Expiatorio Nacional dedicado al primer mártir mexicano San Felipe de Jesús. Recorrió el País dando a conocer dicho proyecto, pidiendo limosnas para llevarlo a cabo con el propósito de que todo el pueblo mexicano pudiera colaborar:

“… he resuelto suplicar a Ud. humildemente, como lo hago, me ayude con su eficaz cooperación al establecimiento de la colecta de limosnas para el Templo Expiatorio de S. Felipe de Jesús, que servirá para la Adoración Perpetua del Smo. Sacramento”. (*)

   Más de diez años duró la obra. Cuando llegó el momento de construir el altar mayor donde debía hacerse la Exposición Eucarística, el Padre Plancarte, en persona, haciendo los oficios de albañil, por su propia mano formó los cimientos de aquel altar con las piedras que había adquirido  en sus piadosas visitas a muchos de los templos profanados, acto significativo de su amoroso anhelo de reparación.

 

 

     En 1897 quedó establecida la Adoración Perpetua a Jesús Sacramentado. Hoy en día hay más de 3 millones de adoradores y 4 mil centros de adoración nocturna en la República Mexicana. 

   En la Eucaristía, una persona consagrada aprende a amar lo que Jesús amó, la salvación de las almas:

“No se nos hagan pesados cuantos sacrificios tengamos que hacer a trueque de salvar esas almas confiadas a nuestros cuidados”. (*)

   El Padre Plancarte tenía como centro de su actividad apostólica la celebración eucarística, preparada por la predicación y el sacramento del perdón. Esta línea eucarística, espiritual y apostólica, cruza toda su vida, desde los inicios de su vocación hasta su muerte. Fomentó el amor a Jesús Eucaristía en sus feligreses y en las almas que dirigía para que encontraran en Él la fuente de su santificación y la fuerza para realizar obras de caridad y apostólicas.

 

   Que esta frase tomada del diario del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida sirva como conclusión: 

“Ah Felipito santo,
alcánzame de Dios la santidad
que debo tener para ser templo vivo de
expiación por mis innumerables pecados. 
Para que en mi corazón se funde 
la adoración perpetua de Jesús  Sacramentado…”

   

 

(*) Textos de los Escritos Espirituales, Cartas y Discursos del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida.

 

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