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 “LA PRÁCTICA DE SUS VIRTUDES”

 

   El Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida fue un sacerdote transparente, sincero y leal a la Iglesia; agradecido por los dones recibidos y que reconoció sus limitaciones asumiendo en propia vida los sentimientos de Jesús Maestro, con incansable deseo de hacer el bien y luchar por la salvación de las almas.

 

   La práctica de la virtud sella su vida desde la infancia forjando así a un hombre de Fe que supo mirar a Dios en todos los acontecimientos de su vida, llegando incluso a reconocer, que fue precisamente el sufrimiento, la prueba más clara de su vocación al sacerdocio.

   La luz de una Esperanza renovadora, fortalecida por Dios, aflora cuando a los 18 años recibe a distancia la triste noticia del fallecimiento de su madre a quien no pudo decirle adiós.

"Yo me quedé con el gran sentimiento de no haberle dado una última mirada, pero con la esperanza de verla coronada en la otra vida."  (*)

   Desde su juventud mostró una gran sensibilidad por las necesidades de los demás haciendo de la Caridad el aire que respiraba. Toda su vida está llena de la caridad que es el alma de la santidad.

 

 

 

 

   La Humildad fue una de las virtudes que más cultivó ya que a pesar de todas las grandes obras materiales que emprendió tuvo siempre una clara conciencia de que Dios es el autor de todo, reconociéndose a si mismo como instrumento del Señor sin buscar honores.

   Siempre entendió que la Obediencia tiene un estrecho contacto con la humildad y en el paso del tiempo se vio su acatamiento y respeto a la Santa Sede, a su Obispo y otras autoridades en sus decisiones y decretos, aunque por ello tuviera mucho qué padecer.

   Tenía una gran capacidad de Perdón, a pesar de que sufrió mucho a causa de las calumnias e incomprensiones, nunca guardó rencor hacia nadie y siempre perdonó a quienes lo hirieron.

 

   Reflejó durante su vida una clara vocación a la santidad en la vida ordinaria, en el trato con todas las personas, en las obras que Dios le inspiró y en esa relación íntima con Dios. 

 

   En el Padre Plancarte podemos ver al hombre prudente y justo del Evangelio que está preparado para cuando llegue su Señor y realiza con fidelidad todo cuanto le es confiado por Dios a través de sus superiores; buscó en todo la voluntad de Dios dispuesto siempre a realizarla, aunque tuviera que pasar por grandes sufrimientos en su cumplimiento; en su vida fue una constante la práctica de la virtud de la Fortaleza, como se lee en una de sus cartas.

"Nací, crecí y he envejecido al soplo de las tempestades, por tanto, ni me arredran ni las temo." (*)

 

 

   El Padre Plancarte es un modelo de vida al alcance de todos: niños, jóvenes, adultos, seminaristas, sacerdotes y religiosos. Los cristianos pueden encontrar en él la inspiración y ayuda para ser santos.

 

 

(*) Textos de los Escritos Espirituales, Cartas y Discursos del Siervo de Dios Antonio Plancarte y Labastida.

 

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