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  Hoy nuestro corazón rebosa de júbilo y canta agradecido a Dios por la vida del Padre José Antonio Plancarte y Labastida, quien nace un día como hoy en el año de 1840; esto significa que hace 173 años Dios envió a su Iglesia un hombre grande en virtudes y deseos de hacer el bien, y a él podemos aplicar muy bien las palabras que encontramos en el libro del profeta Jeremías: “Antes de formarte en el vientre te elegí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de los paganos.” Jer. 1,5. Sí, el siervo de Dios José Antonio Plancarte es un hombre elegido por Dios para grandes obras en su Iglesia.

 

 

  Nuestro Antonio es el décimo hijo de la familia Plancarte y Labastida, nació en México, D. F. en la calle de la Joya, hoy 4ª. de 5 de febrero (en el corazón de la ciudad), el 23 de diciembre de 1840. Sus padres fueron Francisco Plancarte Arceo y Gertrudis Labastida y Dávalos, originarios y residentes de Zamora, Michoacán. Lo bautizaron al día siguiente de su nacimiento, en la Parroquia de San Miguel Arcángel. Antonio fue el único de los once hijos que nació en la ciudad de México, por razones de salud de su madre, lo cual fue providencial, pues gracias a ello la Santísima Virgen de Guadalupe vio nacer muy cerca de ella a este niño que, con el tiempo, sería gran promotor del Guadalupanismo.

Sábado, 21 Diciembre 2013 18:00

Su Intercesión ante Dios

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  Sigamos con el Padre José Antonio Plancarte, en una carta escrita a sus religiosas el 8 de septiembre de 1885, en donde les dice: “¡Ojalá y todos tengan una bendición para quien fue y es padre suyo! Una bendición que me alcance de Dios las gracias que necesito. Yo, a todas las bendigo, por todas ruego, por el bien de todas me intereso. La ausencia sólo me ha servido para afanarme e interesarme más en el bien de ustedes, pues de él nace el bien de innumerables almas y mucha gloria a Dios”.

 ¿Qué podemos descubrir en estas palabras? Podemos ver humildad y confianza. La humildad de quien sabe reconocer su misión de padre, pues la humildad es la verdad; también vemos la necesidad que tiene de que oren por él, al mismo tiempo que expresa la confianza de que recibirá lo que está necesitando, es decir, la confianza en la oración que se hace por él y la confianza en que Dios escucha esta oración. Vemos sobre todo, un corazón con muy grandes deseos de hacer el bien y que lo manifiesta con actitudes concretas de bendición, oración, interés, celo apostólico y búsqueda de la gloria de Dios. Podemos estar seguros de que estos mismos grandes deseos de hacer el bien sobrepasan el límite de lo terreno y que el Siervo de Dios José Antonio Plancarte intercede por nosotros ante nuestro Señor para alcanzarnos las gracias que necesitamos y dar así gloria a Dios.

Jueves, 19 Diciembre 2013 00:14

Su Intercesión ante Dios

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  En la reciente Exhortación Apostólica que el Papa Francisco envió a la Iglesia: Evangelii Gaudium (La alegría de la Evangelización), encontramos en el tema la fuerza evangelizadora de la intercesión muy relacionada con el tema que en este mes se ha destacado del Siervo de Dios José Antonio Plancarte y Labastida.


  En el número 281 de esta exhortación encontramos:
“ Hay una forma de oración que nos estimula particularmente a la entrega evangelizadora y nos motiva a buscar el bien de los demás: es la intercesión.”

 

  Si miramos por un momento el interior de la oración del Padre José Antonio encontramos que estaba llena de almas, del pueblo: En una carta dirigida a sus religiosas y a sus feligreses cuando se encontraba en Tierra Santa, en el año de 1883, en el lugar donde fue crucificado nuestro Señor Jesucristo descubrimos su intercesión por su pueblo: “En fin, todo parecía descansar en aquel lugar sacrosanto, menos un hombre que con agitación casi febril pedía perdón de sus pecados y de los de su pueblo… Ese hombre era yo, que lleno de fe esperaba sobre el Gólgota, el fiat del Altísimo para volver a mi Patria y entregarme en compañía de Ustedes a la salvación de las almas y al alivio de los males que oprimen a la humanidad”

  En esta misma carta, a sus religiosas les recomienda: “Santifiquémonos, sacrifiquémonos sin reserva en bien de nuestros semejantes…”

 

 

  “Los grandes hombres y mujeres de Dios fueron grandes intercesores. La intercesión es como “levadura” en el seno de la Trinidad. Es un adentrarnos en el Padre y descubrir nuevas dimensiones que iluminan las situaciones concretas y las cambian. Podemos decir que el corazón de Dios se conmueve por la intercesión, pero en realidad Él siempre nos gana de mano, y lo que posibilitamos con nuestra intercesión es que su poder, su amor y su lealtad se manifiesten con mayor nitidez en el pueblo”  No. 283.

 

Escrito y compartido por: Hna. Claudia Patricia Ruiz Cortés. HMIG.

Martes, 17 Diciembre 2013 08:33

Su Intercesión ante Dios

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  En la Biblia encontramos que es una realidad la intercesión de los santos; ya desde el Antiguo Testamento vemos sugerencias en este sentido: “Bendecid a Yahveh, ángeles suyos, héroes potentes, ejecutores de sus órdenes, en cuanto oís la voz de su palabra. Bendecid a Yahveh, todas sus huestes, servidores suyos, ejecutores de su voluntad. (Sal. 103, 20-21). Cuando el arcángel san Rafael le descubre su verdadera identidad a Tobías le hace saber esto: “Cuando tú y Sara rezaban, yo presentaba tus oraciones al Señor”  (Tob. 12, 12).

  Como vemos, tanto los Ángeles como los Santos, son intercesores activos ante Dios por nosotros los seres humanos.

  La Iglesia, en la persona del Santo Padre, declara que una persona queda incluida en el listado de los santos reconocidos cuando ha quedado demostrada su santidad de vida y Dios nos da la señal, mediante un milagro, de que esta persona se encuentra gozando de su gloria.

   

    Por este motivo es muy recomendable recurrir a la intercesión de las personas que están en proceso de canonización, como es el caso del Siervo de Dios José Antonio Plancarte y Labastida, porque confiamos en que él intercede por nosotros y esperamos el día en que la Iglesia nos lo presente a todos como modelo en el seguimiento de Cristo.

Sábado, 14 Diciembre 2013 23:59

Su Intercesión ante Dios

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  Anima contemplar que están en el cielo, paisanos nuestros, personas que hemos conocido o que de alguna manera son cercanos a nosotros; que han tenido dificultades y problemas mayores que los nuestros pero en todo momento han sido fieles a Dios. Los hay de todas las edades, pueblos, razas, culturas, oficios y niveles de vida, que han vivido todas las situaciones que se puedan imaginar. Son muy diversos pero todos coinciden en el seguimiento ejemplar de Cristo y en un especial amor a la Santísima Virgen María.

  El Padre Antonio Plancarte es una de estas personas que se han entregado totalmente a Dios y al servicio de sus hermanos, que tuvo un amor muy grande a la Santísima Virgen de Guadalupe y tomó muy en serio su seguimiento de Cristo. Él supo superar con valor y confianza las adversidades propias de la vida y en los momentos de dolor y sufrimiento se mantuvo fiel a Dios.

 

Con la confianza de que el Padre Antonio Plancarte, intercede por nosotros, pongamos todas nuestras necesidades, penas y dolores en las manos de Dios, rogando a su Siervo Antonio Plancarte nos alcance de Dios las gracias y favores que pedimos.

  Veamos el corazón del padre Antonio Plancarte a través de esta oración a la Virgen de Guadalupe, en donde resume toda su actitud interior de humildad, confianza y entrega, apoyado en la intercesión de María. Podemos ver aquí su testamento espiritual mariano:

“¡Madre Sma. de Guadalupe! no permitas que nos separemos un solo instante del Sacratísimo Corazón de Jesús!... Ya  que  me  elegiste  como a otro Juan Diego para la restauración de tu templo en el Tepeyac; restaura, Madre mía, este templo vivo de tu castísimo esposo el Espíritu Santo. Yo he ampliado el tuyo, lo he fortificado, lo he restaurado a su primitiva simplicidad y pureza de estilo; lo he enriquecido y adornado con lo mejor que ha producido el arte en este siglo. Nada más justo, que tu ensanches el ánimo y virtudes de tu pobre Antonio; que le restituyas su primitivo fervor fortificándolo en sus propósitos; que le devuelvas su antigua simplicidad y pureza de intención; y que lo enriquezcas y adornes con todas las virtudes que deben tener en este siglo, los elegidos por Dios para las grandes obras que a mí se ha dignado confiar. ¡Madre mía, amorosísima! no desampares a tu indigno hijo Juan Diego cimarrón; bendícelo, defiéndelo, perfecciónalo, y a la hora de la muerte llévatelo al cielo para que te vea, te ame y te glorifique por los siglos de los siglos. Amén”

 

 

 

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Congregación Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, AR. Privada de San Sebastián 80. Col. San Sebastián. Delegación Azcapotzalco. 02040, México, DF.
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