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    En el diario del padre Antonio Plancarte encontramos con detalle la descripción de sus sentimientos en el momento de la consagración eucarística el día de su ordenación sacerdotal (11 de junio de 1865): "Llegado el momento de la consagración, repetí con no poca emoción y respetuoso miedo, aquellas sacrosantas palabras, que de hoy en adelante, al pronunciarlas yo, el Hijo de Dios bajará del cielo al altar. ¡Milagro estupendo! ¡Dignidad sin igual!". Ese mismo día deja escrita una petición concreta: "que yo diga la santa Misa con devoción". Y respecto a los preparativos de la primera Misa, afirma: "quise que todo fuera lo mejor".

   Este amor a la Eucaristía explica el fruto que producía en las personas su predicación y celebración del sacramento de la penitencia, llevándolas al encuentro con Cristo en la Eucaristía (Santa Misa y adoración). En su diario anota frecuentemente su visita al Santísimo Sacramento, especialmente durante sus viajes a Roma (capilla de las religiosas "sacramentarias").

   Su predicación está llena de esta espiritualidad eucarística, escuchemos lo que nos dice en el Sermón no. 5, sobre la Eucaristía:

"¡Qué bondad la de Jesucristo con los hombres!... Ahí le tenéis para consolaros en vuestras aflicciones... mientras en cada familia haya uno que sea devoto del Smo. Sacramento, que ame al Smo. Sacramento, hay esperanza de salvación... Se está fabricando el tempo de la expiación, a donde esté nuestro Amo expuesto de día y de noche y ofrecer a Dios esta adorable víctima de su Hijo Jesucristo en expiación de todos los pecados... El, en la Eucaristía como en todo, es nuestro Padre, nuestro hermano, nuestro amigo, nuestro consuelo y nuestro bien..."

   

 Foto: El Padre Plancarte en diferentes etapas de su vida.

Sábado, 18 Enero 2014 09:15

Su Amor a la Eucaristía

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   En la vida del padre Antonio Plancarte podemos ver con mucha claridad que el centro de su apostolado era la Celebración Eucarística; desde el despertar de su vocación, la ordenación sacerdotal y hasta su muerte encontramos esta línea eucarística, espiritual y apostólica. Él lo vive y lo contagia a sus feligreses y dirigidos, quienes encontraban en la eucaristía la fuente de santificación y de compromiso en el apostolado y las obras de caridad.

 

     En su diario nos deja constancia de esta vida eucarística, ahí encontramos que ya desde los 14 años (cuando era estudiante en Morelia) nunca dejaba la Misa, y nos describe brevemente su acción de gracias en la comunión. Cuando en Oscott ya empezaba a sentir el llamado al Sacerdocio (1861), anota en su diario que comulgaba viernes y domingo. En la correspondencia con su hermano mayor, quien en un principio se oponía a su vocación, afirma: “¡Qué felicidad tan grande es ser Ministro de Jesucristo y ofrecer su cuerpo y preciosa sangre!”(1862). En su ordenación sacerdotal y primera Misa, también nos deja constancia de sus impresiones sobre el Misterio Eucarístico: “En esos momentos sentí y palpé la dignidad del sacerdote” (13 de junio de 1865, primera Misa).

 

   El centro de su vida son la Eucaristía y la meditación de la Palabra, y vemos que su propósito permanente de “visitar al Santísimo diariamente” (Ejercicios, 1888), es inseparable de: “Hare meditación todos los días” (Ejercicios, 1869). Él mismo escribe: “Desgraciado seré el día en que pase sin media hora de meditación" (Ejercicios, 1872). "Sin meditación se pierde el sacerdote" (Ejercicios, 1877).

   A la celebración eucarística precedía siempre la "preparación" y seguía la "acción de gracias" (Ejercicios, 1877). De este modo se comprometía a celebrar siempre "con un alma perfectamente limpia y con la debida preparación" (Ejercicios, 1869).

 

   El Padre José Antonio en sus escritos nos introduce en el secreto de su espíritu, escribiendo en su Diario algunas preciosas palabras que representan la clave para comprender su amor a la Eucaristía, así como el significado profundo de su vida como sacerdote, altar y víctima.  

   La Eucaristía es, al mismo tiempo, sacramento, presencia y sacrificio. Es una prenda de su amor, como consecuencia de la Encarnación:   “No contento el Señor con haber bajado del cielo a la tierra, con hacerse hombre y padecer por nosotros, nos quiso dejar una prenda de su amor… Y fue su mismo cuerpo y sangre, joya preciosísima de un valor infinito” (E.E. 1891).

 

 

     En la Eucaristía Cristo se muestra como  amigo, padre, hermano, víctima. Manifiesta todo el amor de su Corazón: “¡Qué bondad la de Jesucristo con los hombres!... Ahí le tenéis para consolaros en vuestras aflicciones…mientras en cada familia haya uno que sea devoto del Smo. Sacramento, que ame al Smo. Hay esperanza de salvación… Se está fabricando el templo de la expiación, a donde esté nuestro Amo  expuesto de día y de noche y ofrecer a Dios esta adorable víctima de su Hijo Jesucristo en expiación de todos los pecados…Él, en la Eucaristía como en todo, es nuestro Padre, nuestro hermano, nuestro amigo, nuestro consuelo y nuestro bien…” (Sermón 1893).


   El “gran deseo” que Jesús manifestó al instituir la Eucaristía, indica la “generosidad de su corazón” e invita a “ir con ansia al sacrificio”. Si “escogió un pesebre para cuna, una humilde casa para morada”, cuando se trata de quedarse entre nosotros por la Eucaristía, “quiere lo mejor”. Todas las virtudes y todas las enseñanzas de Cristo quedan “compendiadas en la Eucaristía” (EE. 1896).


   La comunión, aunque pueda recibirse fuera de la celebración eucarística, siempre tiene relación con el sacrificio redentor, que se ha hecho en la santa Misa:
“La mejor preparación para la sagrada Comunión es oír bien la Misa; donde se ofrecen nada menos que los méritos infinitos de Jesucristo” (EE. 1896).


   Sirvan de conclusión las palabras de Benedicto XVI en la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis:
 “Queridos hermanos y hermanas, la Eucaristía es el origen de toda forma de santidad, y todos nosotros estamos llamados a la plenitud de vida en el Espíritu Santo. ¡Cuántos santos han hecho auténtica la propia vida gracias a su piedad eucarística! Desde san Ignacio de Antioquía a san Agustín, de san Antonio Abad a san Benito, de san Francisco de Asís a santo Tomás de Aquino, de santa Clara de Asís a santa Catalina de Siena, de san Pascual Bailón a san Pedro Julián Eymard, de san Alfonso María de Ligorio al beato Carlos de Foucauld, de san Juan María Vianney a santa Teresa de Lisieux, de san Pío de Pietrelcina a la beata Teresa de Calcuta, del beato Piergiorgio Frassati al beato Iván Mertz, sólo por citar algunos de los numerosos nombres. La santidad ha tenido siempre su centro en el sacramento de la Eucaristía.”

Martes, 14 Enero 2014 08:30

Su Amor a la Eucaristía

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   Las calumnias, ataques, infamias y tribulaciones que tuvo el Padre Antonio Plancarte y Labastida en los trabajos que realizó para la restauración de la Colegiata y la Coronación Pontificia de la Santísima Virgen de Guadalupe y además que sus enemigos también consiguieron que no se consagrará Obispo titular de Constancia, le llevaron más a imitar a Cristo y seguirle en el Calvario. “Esta es la verdad, y así lo siento delante de Dios, que me ha de juzgar. Pero como desgraciadamente vosotros habéis juzgado lo contrario, humildemente os pido y ruego por las entrañas de Jesucristo, y por esa milagrosa Imagen que nos escucha, tengáis piedad de mí, roguéis por mí, y os dignéis aceptarme en vuestro corazón, no como vuestro superior, sino como el último de vuestros compañeros, el más indigno de vuestros hermanos y el ínfimo de vuestros servidores en Cristo. “…Siendo esto así dejo mi causa a la justicia y misericordia de Dios; y solo suplico a V. Excia. Rvma. Manifieste al S. Padre mi gratitud y mi indignidad, declarada por mí mismo, pero no aprobada por mis acusadores.

 

    “Si esto se agrega una bendición del S. Padre y de Excia. Rvma. Para terminar el templo de S. Felipe de Jesús, quedaré no sólo conforme sino agradecido el más indigno y pecador del clero mexicano, que humildemente vuestras manos besa”.

   Una de las manifestaciones más grandes de su amor a Jesús Sacramentado es la construcción que realizó del Templo expiatorio de San Felipe de Jesús. “Así lo comprendieron los que han gastado su tiempo y su dinero en la construcción de un templo expiatorio dedicado a nuestro compatriota San Felipe de Jesús… Templo que servirá para la adoración perpetua del Santísimo Sacramento, y donde de día y de noche se pedirán perdón y bendiciones para la Patria…”.

    “En la Coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe, mis amigos quisieron erigirme un trono en el Tepeyac y yo tuve la debilidad de acceder a su empeño; pero afortunadamente mis enemigos lo convirtieron en cadalso y en picota de ridículo, y Dios en sus altos juicios así lo permitió, porque era necesario para la expiación. En el templo Expiatorio, en el templo del pecador, allí sí estoy bien y debo ser la figura prominente. Allí debo vivir los últimos días de mi vida, recogido en el silencio y representando a los pecadores. Al ofrecer la primera hostia en el templo de S. Felipe, hecho a costa de mi predicación, mis sudores y vergüenzas, me parecía que en la patena que tenía en las manos ofrecí el Templo al Señor en expiación de mis pecados y oí la voz de mi Padre Dios, que me perdonaba y me aseguraba que yo era la víctima de expiación”.

 Escrito y compartido por: Hna. Leticia Martínez Lara. HMIG.

 

Sábado, 11 Enero 2014 09:00

Su Amor a la Eucaristía

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    Toda la obra apostólica que realizó el Padre Antonio Plancarte y Labastida en Jacona se deriva de la intima unión que tenía con Jesús Eucaristía que le llevaba a buscar la voluntad de Dios y hacer el bien a su Patria por ello se dedica a fomentar el bien espiritual y temporal de sus feligreses, funda el Colegio de la Purísima Concepción y el colegio de San Luis para niños, la construcción del ferrocarril entre Zamora y Jacona, la fundación de la Congregación de Hijas de María Inmaculada de Guadalupe, trabaja por la Coronación de la Santísima Virgen de la Esperanza.

   Realiza sus Ejercicios Espirituales anuales y encontramos en sus escritos los propósitos “Yo prometo que nunca diré Misa si no es con un alma perfectamente limpia y con la debida preparación” “Visitar al Santísimo diariamente…” “… Cuanto tengo y cuanto poseo, tú me lo has dado; a ti, Señor, te lo restituyo. Te amo, Señor con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, con toda mi alma. Quiero ser todo tuyo, verdaderamente tuyo, sólo tuyo y probártelo con mis obras más que con mis palabras. Acepta mis deseos, bendice mis propósitos y consérvame en tu gracia, Amén".

   En el encuentro con Jesús Sacramentado halla la fuerza necesaria para salir adelante  de las grandes dificultades, persecuciones y sufrimientos que se le presentan por hacer el bien a los demás en el curato de Jacona “Estoy conforme… ¡Sea pues bendita la mano que me azota! Beso la mano del prelado que tan cruelmente me ha herido y le perdono de todo corazón”.  “he sufrido muchos descalabros durante el año y he tenido innumerables desengaños, que más bien han debilitado las fuerzas de mi cuerpo que las de mi voluntad, la cual con la ayuda de Dios permanece más que nunca. La institución del colegio de niñas parece que se bambolea… pero el Colegio de San Luis ya se levanta y lo contra cimentaré. ¡Sálvanos, Señor!" así terminó el año 1882, que indudablemente formará época en mi vida, como el más turbulento de mi existencia. Ahorita aparece como el hecho mortuorio de todas mis tareas y sacrificios, pero estoy seguro de que Dios todo lo ha permitido así, para su mayor gloria y bien de mi alma.

 

 Escrito y compartido por: Hna. Leticia Martínez Lara. HMIG.

 

Jueves, 09 Enero 2014 08:00

Su Amor a la Eucaristía

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LA EUCARISTÍA EL GRAN AMOR DE JOSÉ ANTONIO PLANCARTE Y LABASTIDA.

 

    Para el Padre José Antonio Plancarte y Labastida la Eucaristía fue uno de sus grandes amores que llenaron su vida y de donde dimana la fortaleza para buscar en todo la Gloria de Dios y poder hacer solo el bien a su querida Patria.

   Desde su adolescencia estando en Morelia nunca deja la participación en la Eucaristía y escribe en su diario en 1854: “…Este día después que me levanté me fui a la Capilla y me estuve disponiendo para comulgar y recibir la Comunión de manos de mi tío, después de haber dado gracias desayuné y luego fui a ayudar la misa al P. Zavaleta.

  Al llegar al Colegio de Santa María de Oscott en Inglaterra dice: “sólo encontraba consuelo en las horas de Capilla y cuando levantaba mi alma a Dios…., admira mucho en la fiesta de Corpus Cristi los tapetes de flores naturales que ponían ante los altares improvisados para recibir la custodia con la Hostia Consagrada. 

   Su vocación sacerdotal habla de ese gran amor a Jesús Eucaristía, el día de su ordenación escribe “…Después de consagradas las manos toqué el cáliz y la patena y quedé para siempre hecho sacerdote.” “Al ofertorio empezamos a decir la misa en unión del señor Obispo. Llegado el momento de la Consagración repetí con no poca emoción y respetoso miedo, aquellas sacramentales palabras, que de hoy en adelante al pronunciarlas yo, el Hijo de Dios bajará del cielo al altar. ¡Milagro estupendo! ¡Divinidad sin igual! Continué repitiendo la misa con el señor Obispo y recibí la Santa Comunión… El día de su canta misa escribe “…llegado el momento de la Consagración, todos se arrodillaron y en profundo silencio aguardaban ansiosos que yo profiriese aquellas misteriosas palabras, que habían de convertir el pan y vino en el Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo”…. Pronunciadas las misteriosas palabras quedó en mis indignas manos el Sacrosanto Cuerpo y preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, y entonces, seguro de que mi voz sería oída y otorgadas todas mis peticione, pedí con todo el corazón ser buen sacerdote o morir…

Foto: Antonio Plancarte y Labastida en Santa María de Oscott.

Escrito y compartido por: Hna. Leticia Martínez Lara. HMIG.

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